La gerente de Impacto Social y Sustentabilidad de PepsiCo Cono Sur, detalla cómo Vivamos Circular ya opera en 46 comunas, combinando reciclaje, inclusión social y alianzas estratégicas para posicionar la economía circular como estándar nacional en Chile
El avance de la economía circular en Chile comienza a consolidarse como una estrategia concreta para enfrentar la crisis ambiental y los desafíos estructurales de gestión de residuos. No se trata solo de reciclar, sino de rediseñar la relación entre producción, consumo y territorio con una mirada de largo plazo.
En ese proceso, la articulación entre empresas, municipios y comunidades emerge como un factor decisivo para escalar soluciones con impacto real. La experiencia muestra que sin coordinación, infraestructura adecuada y participación ciudadana, los esfuerzos quedan fragmentados y pierden efectividad.
En ese marco, Poderyliderazgo.cl conversó en exclusiva con Andrea Valdez, Gerente de Impacto Social y Sustentabilidad de PepsiCo Cono Sur, para aborda los avances, aprendizajes y desafíos de la iniciativa Vivamos Circular, que busca consolidar la economía circular como un estándar nacional con impacto territorial.
El programa ya opera en 46 comunas, integrando reciclaje, educación ambiental e inclusión social en un mismo modelo de intervención. Sus resultados evidencian que es posible descentralizar la sostenibilidad y llevarla directamente a los barrios.
¿Cuál fue la visión que llevó a PepsiCo a escalar este programa en Chile y qué objetivo busca consolidar hoy?
Nuestra visión nació de una convicción profunda: los desafíos ambientales no se pueden resolver de forma aislada. En 2021, cuando comenzamos, entendimos que para generar un impacto real necesitábamos un modelo de colaboración que uniera a empresas, municipios y, sobre todo, a la ciudadanía.
Escalamos a 46 comunas porque vimos que el modelo funcionaba; logramos descentralizar el reciclaje y llevarlo a los barrios. Hoy, nuestro objetivo es consolidar a Vivamos Circular no solo como una campaña, sino como un estándar nacional de economía circular que demuestre que los materiales de hoy son la infraestructura social del mañana.
¿Qué resultados concretos destacan hasta ahora en términos de recuperación de residuos, impacto territorial y cambio de hábitos en las comunidades?
Los números cuentan una historia de éxito compartido. A la fecha, hemos recuperado más de 70 toneladas de materiales -plásticos flexibles y botellas PET- que de otro modo habrían terminado en vertederos.
Pero más allá de las toneladas, nos enorgullece el impacto tangible: hemos regenerado cinco espacios comunitarios -más de 4.120 metros cuadrados- en Cerrillos, Renca y Pudahuel, transformando estos recursos en ecomadera para parques y plazas. En cuanto a hábitos, trabajamos anualmente con más de 120 establecimientos educacionales, instalando la cultura del reciclaje en el corazón de las nuevas generaciones.
El modelo se basa en la articulación con municipios, empresas y organizaciones. ¿Cuáles han sido los principales aprendizajes en esta colaboración?
El principal aprendizaje es que nadie puede abordar este desafío de manera aislada. La colaboración no es solo deseable, es imprescindible. También hemos aprendido que la coordinación temprana, la claridad de roles y un propósito compartido son claves para que las alianzas funcionen. Cuando todos los actores entienden el impacto que se busca, las decisiones se alinean y el resultado es mucho más potente.
¿Cómo están avanzando para que este tipo de iniciativas se integren de forma permanente en la operación de la compañía y no queden como acciones aisladas?
En PepsiCo, la sustentabilidad no es un “proyecto”, es nuestro modelo de negocio. A través de nuestra estrategia global PepsiCo Positive (pep+), estamos cerrando el ciclo. Por ejemplo, las botellas PET recuperadas en el programa se derivan a la planta CirCCUlar de CCU para convertirse nuevamente en botellas.
Estamos transformando nuestra cadena de valor para que los envases que ponemos en el mercado tengan una ruta clara de retorno y reaprovechamiento, integrando la circularidad en cada decisión operativa.
En términos de equidad e inclusión, ¿qué avances han logrado en el trabajo con recicladores de base y comunidades con menor acceso a infraestructura?
Este es el corazón social de Vivamos Circular. No puede haber sostenibilidad sin inclusión. Hemos logrado la certificación de más de 60 recicladores de base, profesionalizando su oficio y dignificando su labor como piezas clave de la economía circular. Además, trabajamos con el Centro Inclusivo R de Kyklos, donde personas con discapacidad son los protagonistas de la segregación de materiales.
Llevamos infraestructura de reciclaje a zonas donde antes era inexistente, como nuestro nuevo punto en la Región de Valparaíso, democratizando el acceso a la sustentabilidad. Además, en el último año trabajamos en un programa de mentorías y capacitación para cinco organizaciones de recicladores de base, fortaleciendo la cadena de valor del reciclaje y buscando el triple impacto en estas comunidades.
¿Qué condiciones consideran clave para seguir expandiendo Vivamos Circular a más territorios sin perder efectividad?
Escalar con impacto requiere mantener ciertos estándares: educación ambiental desde el inicio, infraestructura adecuada, trazabilidad de los materiales y una red de aliados comprometidos. También es clave adaptar el modelo a cada territorio. No existen soluciones únicas; cada comunidad tiene dinámicas propias, y entender eso es fundamental para asegurar resultados sostenibles.
Sin duda para que Vivamos Circular llegue a más territorios, y por ende pueda escalar el impacto de recuperación y valorización, será determinante la participación activa de más actores de la sociedad. Si crece la plataforma actual de socios, crecen las posibilidades de expansión del modelo.
¿Cómo se conecta este programa con la estrategia global de sostenibilidad de PepsiCo y qué rol cumple Chile dentro de esa hoja de ruta?
Vivamos Circular es una bajada local y concreta de pep+. Somos un referente en cómo generar alianzas transversales con socios estratégicos -como CCU y Walmart- por un bien común.
Chile está demostrando que las metas globales de la compañía se logran con soluciones locales que tienen pertinencia territorial y sentido social.
Mirando hacia adelante, ¿cuáles son los principales desafíos que identifican para consolidar un modelo de economía circular a escala país?
El desafío es cultural y estructural. Necesitamos impulsar la separación en origen masiva y eficiente. Otro gran reto es la tecnología para valorizar materiales complejos, como los plásticos flexibles, donde a través de la ecomadera ya estamos marcando un camino.
Finalmente, la formalización total de los recicladores de base es una tarea pendiente del país en la que seguiremos trabajando para que nadie se quede atrás en esta transición.
¿Qué es lo que más destaca de esta experiencia, del proceso en general?
Ha sido un proceso de aprendizaje constante. Uno de los principales es la confirmación de lo importante que es tener el socio adecuado para cada proyecto cuando hablamos de Impacto Social y Ambiental, y en eso radica también parte del éxito de este programa.
La alianza con Kyklos nos demuestra día a día que podemos seguir creando y adaptando el programa a las necesidades de la comunidad. Esa flexibilidad es un aprendizaje que nos permite seguir incorporando socios colaboradores que se suman para aportar distintos recursos y conocimientos para la sostenibilidad de Vivamos Circular. Sostenibilidad y crecimiento son sin dudas los principales desafíos y objetivos para lo que viene.
¿Y qué ha significado liderar esta iniciativa en terminos personales?
En lo personal, me reafirma que el liderazgo hoy se define por la capacidad de colaborar para generar cambios positivos y sostenibles en el entorno. Y que, sin la confianza y el compromiso de cada persona, institución educativa, organización de la sociedad civil, empresas, gobiernos, nada es posible. Nada logramos solos, necesitamos seguir creciendo en red.
Economía circular con impacto territorial
El despliegue de Vivamos Circular confirma que la economía circular en Chile avanza desde los territorios, combinando reciclaje, inclusión y regeneración de espacios comunitarios con resultados concretos.
El desafío inmediato es consolidar este modelo a escala país, fortaleciendo la colaboración entre actores públicos, privados y sociales, clave para sostener cambios culturales y estructurales en el tiempo.



