Encuesta Black & White muestra que el ministro de Hacienda obtiene nota promedio 3,5 y que 60% no cree que la economía chilena mejore mientras siga al mando de la cartera. El dato profundiza el flanco económico del Gobierno
La presión económica sobre el gobierno de José Antonio Kast ya no se concentra solo en La Moneda. La última encuesta Black & White golpeó directamente al ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, cuya gestión fue evaluada con nota promedio 3,5, en una escala de 1 a 7, mientras un 61% de los consultados calificó su desempeño con notas entre 1 y 4.
El resultado instala un problema político mayor para el Ejecutivo. No se trata únicamente de una mala evaluación individual del jefe de Hacienda, sino de una señal de desconfianza sobre la conducción económica del Gobierno. Según la misma medición, un 60% cree que la economía chilena no repuntará mientras Quiroz siga al frente del Ministerio de Hacienda, dato que golpea el relato oficial de orden fiscal, crecimiento y recuperación.
La encuesta aparece en una semana especialmente compleja para el oficialismo. La última Plaza Pública Cadem ya había mostrado que la desaprobación de Kast alcanzó 59%, con el costo de vida, los combustibles, el bajo crecimiento y el desempleo como principales razones de rechazo ciudadano. En ese cuadro, Hacienda queda expuesta en el centro del desgaste: la ciudadanía no solo evalúa al Presidente, también empieza a mirar al equipo encargado de conducir la economía.
Hacienda entra al centro del desgaste
Quiroz ocupa una posición estratégica dentro del gabinete. Desde Hacienda se ordenan las decisiones que atraviesan el programa económico del Gobierno: gasto fiscal, inversión, impuestos, deuda, combustibles y señales al mercado. Por eso, una nota roja a su gestión no golpea solo a un ministro, sino a la credibilidad de la hoja de ruta económica que Kast busca instalar.
La medición se conoce después de decisiones que han tenido impacto directo en el bolsillo. Una de ellas fue la modificación al Mecanismo de Estabilización de Precios de los Combustibles, aplicada a fines de marzo y asociada a una fuerte alza en las bencinas. A eso se suma la tramitación del proyecto de Reconstrucción Nacional, conocido como megarreforma, que llegó a una semana decisiva en el Senado y que concentra parte importante de la apuesta económica del Ejecutivo.
La directora de Black & White, Paola Assael, resumió el escenario como uno marcado por “incertidumbre y desconfianza respecto al rumbo económico”. Su lectura apunta a un punto sensible para La Moneda: la ciudadanía no siempre evalúa las medidas macroeconómicas antes de que produzcan efectos, pero sí reacciona con fuerza cuando esas decisiones se traducen en costos concretos para las familias, como ocurrió con el aumento de las bencinas.
El bolsillo le gana espacio al relato de orden
El Gobierno ha intentado sostener que el ajuste fiscal, la disciplina presupuestaria y las reformas económicas son condiciones necesarias para recuperar crecimiento. Sin embargo, la señal que entrega la encuesta es que esa explicación todavía no se convierte en confianza ciudadana. Para buena parte de los consultados, el repunte económico no aparece asociado a la conducción actual de Hacienda.
Ahí está el flanco más delicado para Quiroz. Si las familias perciben combustibles más caros, empleo débil, bajo crecimiento y presión sobre el gasto mensual, el relato técnico pierde fuerza frente a una experiencia cotidiana mucho más simple: la economía no mejora al ritmo prometido. La recuperación deja de ser una proyección y se transforma en una pregunta doméstica sobre cuánto alcanza el sueldo, cuánto cuesta trasladarse y qué tan seguro se ve el empleo.
Ese desplazamiento también complica la estrategia política de Kast. El Presidente construyó buena parte de su identidad pública sobre seguridad, orden e inmigración, pero las últimas mediciones muestran que el malestar se está moviendo hacia la economía. En Cadem, el costo de vida y los combustibles lideran las razones de desaprobación presidencial, seguidos por crecimiento y desempleo, mientras seguridad e inmigración quedan más atrás.
La discusión ocurre además en medio de un Congreso tensionado por reformas económicas, ajuste fiscal y reordenamiento de fuerzas políticas. En paralelo, la agenda oficialista debe convivir con el debate sobre la reforma al sistema político y las nuevas reglas para partidos, donde La Moneda necesita ordenar apoyos para sostener su programa.
Para la oposición, el escenario abre una oportunidad, aunque no garantiza capital político automático. El desgaste de Hacienda puede convertirse en un punto de entrada para cuestionar el rumbo económico del Gobierno, pero solo si existe una alternativa capaz de hablarle al bolsillo con la misma claridad con que hoy se expresa el malestar.
La señal final es clara. Kast enfrenta una desaprobación alta y ahora su ministro de Hacienda aparece bajo presión directa. Si Quiroz no logra recuperar confianza, el relato económico del Gobierno puede quedar atrapado entre dos fuerzas difíciles de administrar: el costo político del ajuste y la impaciencia ciudadana por resultados concretos.



