El investigador del OCEC UDP sostiene que el bajo crecimiento, la pérdida de empleos formales y el aumento de los costos laborales profundizan las dificultades de inserción de las mujeres en un mercado que registra una desocupación de 10,5%
Por Daisy Castillo Triviños
El desempleo nacional llegó a 9,4% durante el trimestre móvil marzo-mayo, por encima del 9,1% anticipado por el mercado. La cifra representa 981 mil personas desocupadas y el registro más elevado desde mediados de 2021.
El problema no se limita a la cantidad de personas que buscan trabajo. Mientras la economía genera empleos a un ritmo menor que el crecimiento de la fuerza laboral, la informalidad continúa ganando espacio y la contratación asalariada formal del sector privado muestra señales de debilitamiento.
Las diferencias tampoco se distribuyen de manera uniforme. La desocupación femenina alcanzó 10,5%, la informalidad entre las mujeres se aproximó a 28,8% y el desempleo juvenil llegó a 22%.
Durante el último año se incorporaron aproximadamente 112 mil ocupados informales, mientras se destruyeron 42 mil empleos formales. La combinación revela un mercado que todavía genera alternativas de subsistencia, pero pierde puestos con cotizaciones, estabilidad y mayores posibilidades de progresión laboral.
La situación de las mujeres adquiere especial importancia porque el deterioro económico se superpone con barreras que el país todavía no consigue resolver. Las normas relacionadas con sala cuna, indemnizaciones y reducción de jornada forman parte de una discusión que enfrenta la protección de derechos con sus posibles efectos sobre los costos de contratación.
En entrevista con Poderyliderazgo, Jose Acuña, investigador del Observatorio del Contexto Económico de la Universidad Diego Portales (OCEC UDP), analiza las causas del desempleo, el avance de la informalidad y los factores que dificultan especialmente la incorporación de mujeres a empleos formales.
¿El aumento del desempleo responde principalmente a la falta de dinamismo económico o a un cambio estructural del mercado laboral?
El mercado laboral en efecto está ante un desajuste estructural respecto a la década pasada, el cual se explica en gran parte por la baja capacidad de crecimiento, en la última década, la economía creció 2% en promedio (exceptuando los años de pandemia). Esto se refleja en la falta de oportunidades en el mercado laboral y un bajo ritmo de creación de empleo.
Por ejemplo, mientras que, entre 2010 y 2019, la tasa de desempleo promedio fue de 6,9% en el período post pandemia, esta cifra aumentó a 8,5%. A esto, se suman elementos coyunturales como el incremento en los costos laborales los cuales llevaron a que en los últimos meses la tasa se sitúe por sobre el 9%.
El diagnóstico ocurre mientras el desempleo se acerca al millón de personas y varias regiones presentan tasas superiores al promedio nacional. El deterioro, por tanto, no responde solamente a una variación trimestral, sino a una economía con menor capacidad para absorber a quienes ingresan o intentan regresar al mercado laboral.
La informalidad gana terreno
La ocupación informal aumentó al 27%. ¿Qué muestra esta cifra sobre la calidad del empleo que está generando la economía?
La tasa de ocupación informal es uno de los indicadores de la calidad de empleo. Al trimestre marzo-mayo, el incremento anual de 1% en la tasa de ocupación informal, se da con un incremento de aproximadamente 112 mil ocupados informales y una destrucción de 42 mil empleos formales. Sin embargo, cabe hacer una distinción para hablar de informalidad.
¿Cuál es esa distinción particularmente?
En el segmento de trabajadores dependientes (asalariados del sector público, privado y personal del servicio doméstico), la condición de informalidad se determina en virtud de si el empleador le paga las cotizaciones de salud y pensiones. En cambio, en el segmento de independientes (empleadores, cuenta propia), la informalidad se determina en virtud de si los trabajadores no registran su actividad en el SII y que tampoco cuentan con contabilidad completa.
Con esta distinción las consecuencias y efectos serán diferenciados según el tipo de empleo. En el primer segmento, la informalidad está íntegramente relacionada al cumplimiento de la normativa por parte del empleador por lo que, para este segmento, la informalidad implica desprotección ante contingencias de salud y menores pensiones a futuro.
En cambio, en el segmento de independientes el ser informal no necesariamente implica desprotección social dado que podrían cotizar voluntariamente. De todas formas, entre los efectos de la informalidad en este segmento se pueden destacar la falta de posibilidad de crecimiento en la empresa, lo cual puede repercutir en un efecto permanente en la proyección de ingresos en el sentido de que, al trabajar en una empresa informal, poco productivas y sin perspectivas de crecimiento, la posibilidad de que crezcan los ingresos disminuye.
El avance de la informalidad se combina con marcadas brechas territoriales en el acceso al empleo. Allí donde existen menos empresas, menor inversión y una estructura productiva menos diversificada, perder un puesto formal puede significar largos períodos sin ingresos o el traslado definitivo hacia ocupaciones de subsistencia.
El costo de contratar mujeres
La desocupación femenina llegó a 10,5% y la informalidad entre las mujeres se aproxima al 29%. ¿Qué elementos de las políticas laborales están dificultando su contratación formal?
La regulación laboral chilena introduce varios elementos que desfavorecen la contratación femenina. Entre estos se puede mencionar, por ejemplo, la regulación de la ley actual de sala cuna la cual encarece, en términos relativos, los costos de contratación para las mujeres en general. Además, el mecanismo de indemnización por servicio actúa como un desincentivo a la contratación formal indefinida para las mujeres.
Para evitar asumir la obligación de pagar un mes por año de servicio, algunas empresas limitan los contratos a plazos fijos considerando lo que limita las posibilidades de formalidad en las mujeres en este tipo de empleos, generando barreras adicionales en la empleabilidad de las mujeres.
¿Existe el riesgo de que la reducción de la jornada laboral esté desincentivando la contratación formal femenina?
La reducción de la jornada laboral, es una de las reformas que incrementó los costos laborales por hora lo que puede repercutir en una menor contratación formal femenina en empleo a jornada completa. Por lo que, para que estos efectos se contrarresten es vital avanzar en eliminar los incentivos negativos existentes en la normativa como los existentes en la legislación de sala cuna.
Se debe recordar que uno de los objetivos a los que apunta esta disminución de jornada es a mejorar la conciliación trabajo-familia lo que puede traer efectos positivos en cuanto a participación laboral femenina, pero el incremento en los costos se puede contrarrestar con otras medidas que abaraten el costo relativo de contratación de mujeres.
La advertencia se incorpora a una discusión más amplia sobre el desafío empresarial detrás del desempleo femenino. El problema no se agota en la disposición de las empresas a contratar, sino que alcanza la distribución de los costos asociados a los cuidados y la responsabilidad que corresponde asumir al Estado, los empleadores y las familias.
El impacto de la reducción de jornada
¿Qué efectos puede tener la Ley de 40 Horas sobre los costos laborales, los salarios y la contratación formal?
Uno de los aspectos que hay que señalar de esta reforma es que los efectos en las empresas no son similares para todas y, además, se debe considerar que en el diseño de la política se incorporaron elementos que permiten que los efectos no sean abruptos.
La ley estableció que este ajuste se realice en un período de cinco años, lo que permitió a las empresas tener un horizonte temporal más amplio de ajuste lo que permite que los efectos sean vía menores salarios y no vía destrucción de empleo, lo que socialmente es más deseable. El ajuste en salarios no implica una reducción actual del sueldo si no en menores reajustes futuros y en caso de nuevos contratos, las empresas ajustan los salarios acordes a las 40 horas.
Ahora, respecto a la diferencia de efectos según el tamaño de las empresas cabe mencionar que muchas empresas que tenían la capacidad financiera se adaptaron directamente a 40 horas semanales sin necesidad de llevar este proceso de ajuste en los 5 años establecidos en ley.
¿Qué condiciones de flexibilidad y adaptabilidad necesita la reducción de jornada para evitar efectos negativos sobre el empleo?
Para que este tipo de medidas tengan éxito tienen que ir acompañadas de flexibilidad y adaptabilidad. La evidencia observada en otros países donde se llevó a cabo este tipo de medidas y fueron exitosas señala que fueron claves las medidas de adaptabilidad donde destacan el cambio desde jornada semanal a jornada promedio semanal, donde el promedio se calcula en base mensual o trimestral en su mayoría (hay casos donde el promedio se calcula hasta en base anual, aunque en estos casos en general se hace mediante acuerdo con los sindicatos).
¿Qué consecuencias puede tener el desempleo prolongado sobre los hogares, la pobreza y las posibilidades de movilidad social?
La mayor parte de los hogares en Chile obtienen recursos a partir de los ingresos del trabajo, esto indica que el desempleo puede tener efectos bastante importantes en los hogares. Además, es importante mencionar que los efectos del desempleo también dependen de su duración donde el riesgo en caer en pobreza puede aumentar mientras mayor es el tiempo en esta situación, entre los principales efectos. Por tanto, es necesario impulsar medidas que empujen el crecimiento económico y que permitan mayores posibilidades de empleabilidad para los trabajadores.
El empleo femenino como prueba de coherencia
La discusión sobre la contratación femenina enfrenta al país con una contradicción que ya no puede seguir resolviéndose mediante ajustes parciales. Chile necesita ampliar derechos, mejorar la conciliación y avanzar hacia jornadas laborales más compatibles con la vida familiar, pero también debe impedir que el costo de esas transformaciones continúe recayendo sobre las posibilidades de empleo de las propias mujeres.
El desafío de los próximos años será construir una política laboral capaz de combinar protección, crecimiento y corresponsabilidad. Mientras la maternidad, los cuidados y la adaptación de las empresas sigan siendo tratados como costos individuales de contratación, la igualdad continuará avanzando en las normas más rápido que en el mercado laboral.
La verdadera medida del progreso no estará en cuántos derechos se reconozcan, sino en cuántas mujeres puedan ejercerlos sin quedar fuera del empleo formal.



