[Editorial] ¿La negra sombra mafiosa está presente en el municipio de Rancagua?

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Por: Richard Andrade C. Director de Poderyliderazgo.cl


Respecto a La camorra o la Cosa Nostra, según estudios italianos que han analizado desde la criminalística su historia, no se ha logrado “determinar su nacimiento, ni su desarrollo”, es decir se sabe de su existencia, se ha individualizado a sus capos, modus operandi y episodios delictivos relevantes, sin embargo su sofisticado entramado organizacional y sus maniobras, a veces brutales para ocultar sus huellas, hacen imposible reconstruir cabalmente su oscuro devenir y el alcance real de sus tentáculos.

El torpe y temerario actuar de quienes, con un bidón de combustible, quemaron una oficina del Departamento de Obras Municipales de Rancagua, parece la obra gansteril de un capo mafioso que busca a toda costa, borrar los rastros de su actividad ilícita y todo aquello que lo relacione directa o indirectamente.

El actual alcalde de Rancagua, Juan Ramón Godoy, debe hacer frente a esta inédita situación criminal desde un contexto personal e institucional, pues hace poco días atrás sufrió el robo de su celular y computador personal desde su vehículo familiar, a lo que se suma, según sus propias declaraciones a la prensa, el ser víctima permanente de amenazas telefónicas desde que fue electo, que a todas luces son una señal de alerta sobre una grieta profunda dejada por la corrupción y su traza indeleble al interior de la administración municipal, que hacen imposible no compararla con el actuar de la mafia siciliana al sentirse amenazada.

Los hechos no solo hacen necesario el perseguir responsabilidades materiales e intelectuales, son también un ferviente y obligado llamado a prestar atención y tomar acciones concretas a la brevedad posible.

Lo ocurrido en las dependencias de la Dirección de Obras es un atentado a la democracia, a la institucionalidad municipal, al patrimonio de toda una ciudad y, lo más relevante, a la seguridad y tranquilidad de las personas.  Al filo del terrorismo, pues se ha creado un “clima de terror e inseguridad susceptible de intimidar a los adversarios y a la población en general”.

Pero, ¿qué hay realmente tras todos estos hechos? Es de esperar que las policías, los fiscales y los tribunales de justicia sean quienes no entreguen una pronta respuesta a esta interrogante que por estos días instala una nube negra sobre la capital regional de O’Higgins y sus habitantes.

Ahora bien y a la luz de los antecedentes, existen elementos suficientes para plantear la hipótesis que la corrupción fue una constante permanente en la saliente administración municipal, pues recordemos el bullado caso judicial del Teatro Regional y su derivación en pagos para silenciar la conducta sexual del anterior edil; o el reciente informe que Contraloría puso a disposición del Ministerio Público para investigar una serie de irregularidades detectadas en la entrega de pulseras inteligentes por parte de la Cormun.

Entonces, resulta plausible y hasta necesario cuestionarse que tan comprometida está la gestión municipal, es decir revisar si en su interior, en el día a día, se encuentra enquistada la sombra de la corrupción y la ausencia de probidad, pues tras doce años de ininterrumpido mandato comunal que duda cabe que se naturalizan procesos colectivos y acciones individuales en los distintos niveles de la orgánica municipal. Por lo mismo, es de suma importancia que la auditoria anunciada por el recién asumido alcalde se haga a la brevedad posible, pues resulta esencial conocer que tan ramificada y hasta donde llegan los tentáculos de la corrupción al interior de la Municipalidad de Rancagua y sus diversas corporaciones.

Hoy más que nunca, se deben colocar bajo la lupa las contrataciones de personal y contratos celebrados a última hora por el exalcalde Eduardo Soto en Rancagua, porque lamentable, al igual como ocurre con las mafias, lo que ellas tocan, lo perdemos todos. Hoy, la cultura, la salud, el desarrollo económico, la educación y las organizaciones sociales, han sido “tocadas” con este simple hecho, pero gravísimo a la vez, de incendiar un oficina edilicia de manera concertada, al amparo de la noche y a cargo de delincuentes que sabían con claridad donde, como y cual sería el resultadio del siniestro.

No podemos mirar para el lado, pensar en eufemismos o normalizar un ataque como este, porque aquello basta para que la corrupción del tráfico de influencias y la malversación de fondos se instalen en la gestión pública, en el bien común. Es el momento de indignarse, pero también de actuar. Como ciudadanos debemos exigir un actuar rápido y diligente a las policías y la justicia, a emplazar a las más diversas autoridades del territorio a manifestarse con fuerza para rechazar e impulsar acciones concretas para conocer el real alcance de lo ocurrido. Hoy el silencio y las declaraciones ambiguas no tiene cabida.

Es de suma importancia apoyar a la actual administración municipal desde todos los sectores, pues lo que está en juego es nuestra propia ciudad. Como rancagüinos y rancagüinas debemos hacer frente a la corrupción con decisión, porque todo apunta a que seguiremos descubriendo episodios de opacidad financiera y/o nuevas irregularidades en los diversos estamentos de la municipalidad, que seguramente darán cuenta de la existencia de un proceder corrupto heredado que debemos erradicar y, de esta forma, seguir soñando y desarrollándonos al alero de nuestra querida ciudad.

Es tiempo de liberarnos de las sombras y llamas criminales, tan propias de la Cosa Nostra y sus capos que se creen impunes, con el derecho de hacer y deshacer, de caminar libremente por las calles sin medir, ni mucho menos, responder por sus actos y el impacto de estos en la sociedad.


 

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