Asumir los desafíos de nuestros tiempos

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Por: Carlos Montes C. Presidente del Senado de la República


Vivimos tiempos difíciles para la política y para la democracia representativa. Tiempos de desconfianza y escepticismo. El cimiento de una democracia son sus Congresos o Parlamentos. Éstos no pueden cumplir su labor a cabalidad cuando se debilita el nexo de confianza básica entre representantes y representados.

Mi mirada es de preocupación, pero es esperanzada. Hemos avanzado. Terminamos con el sistema binominal, que era una camisa de fuerza para nuestra democracia.

Tenemos un Parlamento más diverso y representativo. Hoy la sociedad chilena puede verse reflejada con mayor nitidez en este grupo de dirigentes, particularmente porque hay más jóvenes, más mujeres, más diversidad cultural y muchos rostros nuevos.

Miro con optimismo los nuevos movimientos sociales, como la llamada “ola feminista”. Es un cambio cultural que trasciende la acción legislativa, y que expresa nuevas formas de ciudadanía y una democracia viva en la base social.

Es nuestro deber representar y dar cuenta de estas nuevas realidades. Abrir nuestras puertas, hacernos parte y acoger en las leyes estas nuevas agendas y desafíos por más igualdad y reconocimiento.

Las causas de esta apatía y desencanto son mundiales y son también locales.

Por una parte, tenemos un proceso de globalización económica neoliberal que no ha marchado a la par de la creación de un sistema político internacional, que mantenga un control democrático en las decisiones.

Esto produce una pérdida objetiva de poder de los ciudadanos y de la política democrática. Los ciudadanos se percatan que hoy deciden menos y ello debilita su nexo de pertenencia a su comunidad política.

Por otra parte, están los claroscuros de una transición que si bien fue exitosa, tuvo muchas imperfecciones.

En lo político, asentó un esquema que coartaba la expresión plena de la soberanía popular y fue indiferenciando, poco a poco, las opciones en disputa, lo que contribuyó a la desafección con nuestra democracia y sus instituciones representativas.

En lo económico, Chile creció bastante en las últimas décadas. Amplios sectores accedieron a bienes y servicios. Se expandieron los derechos de las personas y la infraestructura del país. Pero esos beneficios están muy desigualmente distribuidos, no solo en el ingreso, también en las oportunidades, en los derechos sociales. Y ello da pie al abuso, una de los lastres de nuestra vida en común.

Es hora de actuar para iniciar un proceso de recuperación de la confianza. No es fácil ni será breve. Lo importante es comenzar gradual y sostenidamente con acciones claras, en varios sentidos.

Primero, debemos abrir nuestras instituciones a las demandas por igualdad y reconocimiento de nuevas identidades.

Segundo, debemos seguir avanzando en terminar toda sospecha de irregularidades, opacidad y privilegios.

Por último, el principal problema de legitimidad de nuestro sistema político es que los ciudadanos sienten que no contribuimos a disminuir la injusticia y la desigualdad, y muchos de los temas de inseguridad que de ellos se derivan.

Creo que el Congreso Nacional y el Senado debemos asumir con decisión los desafíos de estos tiempos.


El contenido expresado en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor y no representa necesariamente la visión ni línea editorial de Poder y Liderazgo.


 

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